El despido y regreso de Sam Altman a OpenAI: cinco días que acabaron en una película
En noviembre de 2023, OpenAI protagonizó uno de los episodios empresariales más desconcertantes de los últimos años. Sam Altman fue despedido como director ejecutivo, Greg Brockman abandonó la empresa, se nombraron dos CEO interinos y Microsoft anunció la incorporación de ambos a un nuevo equipo de inteligencia artificial.
Todo ocurrió en apenas cinco días.
Cuando escribí por primera vez sobre esta historia, los acontecimientos todavía se estaban desarrollando. Resultaba difícil saber qué había sucedido realmente dentro de OpenAI y por qué su consejo de administración había tomado una decisión tan drástica.
La información oficial era escasa, las versiones cambiaban constantemente y buena parte de lo que se publicaba eran interpretaciones construidas a partir de filtraciones.
Años después seguimos sin conocer todos los detalles, pero contamos con mucha más información. Se realizó una investigación interna, varios de sus protagonistas abandonaron OpenAI y posteriores testimonios judiciales sacaron a la luz acusaciones que ayudan a comprender mejor el conflicto.
La historia era tan extraordinaria que ha terminado inspirando Artificial, una película dirigida por Luca Guadagnino y protagonizada por Andrew Garfield en el papel de Sam Altman.
Pero antes de llegar al cine, conviene recordar cómo comenzó todo.
La peculiar estructura de OpenAI
Para comprender por qué el despido de Sam Altman fue posible, primero hay que conocer la estructura de OpenAI.
OpenAI nació en 2015 como una organización sin ánimo de lucro con la misión de conseguir que la inteligencia artificial general beneficiara a toda la humanidad. Sin embargo, desarrollar modelos de inteligencia artificial cada vez más avanzados requería enormes cantidades de inversión y capacidad informática.
En 2019, la organización creó una filial con ánimo de lucro para poder captar capital, pero mantuvo el control en manos de la entidad sin ánimo de lucro.
Esto significaba que el consejo de administración no tenía como responsabilidad principal proteger la rentabilidad de Microsoft o de los demás inversores. Su cometido era velar por la misión de OpenAI.
La estructura pretendía evitar que los intereses comerciales se impusieran sobre la seguridad y el beneficio público, aunque también generaba un equilibrio muy difícil: una organización con objetivos sociales controlaba una empresa tecnológica que necesitaba miles de millones de dólares para competir.
Ese conflicto entre misión, seguridad, poder e intereses comerciales estaba en el centro de OpenAI cuando estalló la crisis.
Viernes 17 de noviembre: Sam Altman es despedido
El viernes 17 de noviembre de 2023, OpenAI anunció inesperadamente el despido de Sam Altman como CEO y su salida del consejo de administración.
La explicación oficial fue tan breve como contundente. El consejo aseguró que Altman no había sido «sistemáticamente sincero» en sus comunicaciones y que eso había dificultado que pudiera ejercer sus responsabilidades. Como consecuencia, había perdido la confianza en su capacidad para continuar dirigiendo la empresa.
El comunicado publicado por OpenAI no explicaba qué información había ocultado Altman ni qué conversaciones habían provocado aquella pérdida de confianza.
Mira Murati, entonces directora de tecnología, fue nombrada CEO interina.
Greg Brockman tampoco fue despedido de OpenAI, como se publicó en algunos primeros relatos de la noticia. El consejo lo apartó de la presidencia de ese órgano, pero inicialmente iba a continuar trabajando en la empresa como presidente.
Brockman decidió dimitir unas horas después en protesta por el despido de Altman.
La noticia sorprendió a los empleados, a los inversores y también a Microsoft, principal socio comercial de OpenAI. Una empresa situada en el centro de la revolución de la inteligencia artificial acababa de quedarse sin dos de sus figuras más importantes de un día para otro.
Un fin de semana de negociaciones y cambios de CEO
Durante el sábado y el domingo comenzaron las negociaciones para intentar que Altman regresara.
Inversores, directivos y empleados presionaron al consejo. Altman llegó a volver a las oficinas de OpenAI, pero las conversaciones no produjeron el resultado esperado.
En lugar de restituirlo, el consejo sustituyó a Mira Murati y nombró CEO interino a Emmett Shear, cofundador de Twitch.
En apenas dos días, OpenAI había despedido a su CEO, perdido a su presidente y nombrado a dos directores ejecutivos provisionales.
Mientras tanto, seguía sin ofrecerse una explicación detallada sobre el motivo del despido.
Lunes 20 de noviembre: Microsoft anuncia la contratación de Altman y Brockman
El lunes llegó otro giro inesperado.
Satya Nadella anunció que Sam Altman y Greg Brockman se incorporarían a Microsoft para dirigir un nuevo equipo de investigación avanzada en inteligencia artificial.
La operación parecía una gran victoria para Microsoft. Si OpenAI se desintegraba, la compañía podía incorporar directamente a sus principales responsables y a buena parte de su personal técnico.
Sin embargo, aquel equipo nunca llegó a materializarse como se había anunciado. La posibilidad de incorporarse a Microsoft sirvió como salida de emergencia y aumentó la presión sobre el consejo, pero Altman y Brockman regresaron finalmente a OpenAI.
Microsoft fue una pieza fundamental, pero no fue la única responsable del regreso. También influyeron los inversores y, sobre todo, la reacción de la plantilla.
Más de 700 de los aproximadamente 770 empleados de OpenAI firmaron una carta en la que amenazaban con dimitir y marcharse a Microsoft si el consejo no abandonaba sus cargos y readmitía a Altman y Brockman.
Entre los firmantes se encontraba Ilya Sutskever, científico jefe de OpenAI y uno de los miembros del consejo que había votado a favor del despido. Sutskever manifestó públicamente que lamentaba haber participado en la decisión.
La empresa estuvo muy cerca de perder a casi todo su equipo.
Miércoles 22 de noviembre: Sam Altman regresa
La presión terminó haciendo insostenible la situación.
El 22 de noviembre, OpenAI comunicó que había alcanzado un principio de acuerdo para que Sam Altman regresara como CEO. Greg Brockman también volvió a la empresa.
La composición del consejo cambió. Bret Taylor asumió la presidencia y se incorporó Larry Summers, mientras que Adam D’Angelo permaneció en su puesto. Helen Toner, Tasha McCauley e Ilya Sutskever dejaron de formar parte de aquel nuevo consejo inicial.
El regreso se formalizó el 29 de noviembre, junto con el anuncio de una investigación independiente sobre lo sucedido.
Altman había pasado de ser despedido a recuperar el control de la empresa en menos de una semana. El consejo que lo había apartado quedó prácticamente desmantelado.
¿Por qué despidieron realmente a Sam Altman?
Esta es la pregunta central de la historia y todavía no cuenta con una respuesta completamente cerrada.
Durante los primeros días se especuló con diferencias relacionadas con la seguridad de la inteligencia artificial, con el ritmo de comercialización de los modelos e incluso con un supuesto avance técnico secreto.
Sin embargo, OpenAI no presentó entonces ninguna de estas cuestiones como causa oficial del despido.
La investigación encargada al bufete WilmerHale revisó documentos y entrevistó a miembros del antiguo consejo, empleados y asesores. En marzo de 2024, OpenAI publicó un resumen de sus conclusiones.
Según la investigación, el despido no estuvo motivado por problemas financieros, por la seguridad de los productos ni por el ritmo de desarrollo de la tecnología. Fue consecuencia de una ruptura de la relación y de la pérdida de confianza entre Altman y el antiguo consejo.
WilmerHale consideró que el consejo tenía autoridad para despedirlo, pero también que actuó de manera precipitada, sin informar previamente a las principales partes afectadas, sin realizar una investigación completa y sin darle a Altman la oportunidad de responder a sus preocupaciones.
La conclusión fue que la conducta examinada no hacía necesaria su destitución. El nuevo consejo expresó su confianza en Altman, que volvió también a formar parte de este órgano. OpenAI reforzó además algunas de sus políticas de gobierno corporativo y anunció la creación de una línea interna para comunicar irregularidades.
No obstante, la compañía no publicó el informe íntegro, sino únicamente un resumen de sus conclusiones. Por eso, muchas dudas continuaron abiertas.

Lo que se supo después
Con el paso del tiempo aparecieron nuevas versiones sobre los motivos que habían llevado al consejo a desconfiar de Altman.
La exconsejera Helen Toner afirmó en 2024 que el consejo había recibido información sobre comportamientos manipuladores, comunicaciones contradictorias y falta de transparencia. También señaló que algunos directivos habían trasladado sus propias preocupaciones.
En 2026, una investigación de The New Yorker informó de la existencia de documentos internos recopilados por Ilya Sutskever en los que se acusaba a Altman de mantener un patrón de afirmaciones engañosas y de ofrecer versiones diferentes a distintas personas.
Algunas de estas cuestiones volvieron a aparecer durante el juicio iniciado por Elon Musk contra OpenAI, Altman y Brockman. En sus declaraciones, antiguos responsables de la empresa describieron problemas de confianza y una forma de gestión que, según ellos, generaba confusión dentro de la organización.
Son acusaciones y testimonios que aportan contexto, pero no equivalen por sí solos a una sentencia sobre los motivos del despido.
En mayo de 2026, el jurado falló a favor de OpenAI, Altman y Brockman en el litigio iniciado por Musk. La decisión se apoyó principalmente en que Musk había tardado demasiado en presentar sus reclamaciones, por lo que el veredicto no resolvió quién tenía razón en todos los conflictos internos que salieron a la luz durante el juicio.
Lo que sí demostró el proceso es que la crisis de 2023 fue bastante más compleja que una simple discusión entre partidarios de acelerar la inteligencia artificial y defensores de frenar su desarrollo.
Qué ocurrió con los protagonistas
Sam Altman salió reforzado de la crisis. Recuperó el cargo de CEO, volvió al consejo y consolidó su posición como principal figura pública de OpenAI.
Greg Brockman regresó como presidente. En 2024 se tomó un permiso de varios meses, pero posteriormente se reincorporó para trabajar en nuevos proyectos técnicos.
Ilya Sutskever dejó OpenAI en mayo de 2024 y fundó una nueva empresa, Safe Superintelligence, centrada en desarrollar superinteligencia segura.
Mira Murati también abandonó OpenAI en septiembre de 2024 y más tarde fundó Thinking Machines Lab.
La salida de varias de las personas que habían participado directamente en la crisis transformó profundamente el equipo fundador y directivo de OpenAI.
OpenAI también cambió su estructura
Las tensiones entre la misión original y la necesidad de captar capital no desaparecieron con el regreso de Altman.
En 2025, OpenAI volvió a modificar su organización. La entidad sin ánimo de lucro pasó a denominarse OpenAI Foundation y la filial comercial se convirtió en OpenAI Group PBC, una corporación de beneficio público.
La estructura actual de OpenAI mantiene formalmente el control en manos de la fundación, que puede nombrar y destituir a los integrantes del consejo de la empresa comercial.
El cambio pretende facilitar la captación de capital sin abandonar la misión de conseguir que la inteligencia artificial general beneficie a toda la humanidad.
Sin embargo, la pregunta que ya existía en 2023 continúa siendo relevante: ¿puede una organización conservar una misión de interés público cuando necesita inversiones extraordinarias y compite con algunas de las mayores empresas tecnológicas del mundo?
De la crónica empresarial al cine
Cuando ocurrieron estos acontecimientos parecían el argumento de una película. Ahora lo son literalmente.
Artificial dramatiza el despido y regreso de Sam Altman. La película está dirigida por Luca Guadagnino, con guion de Simon Rich, y cuenta con Andrew Garfield como Altman, Yura Borisov como Ilya Sutskever y Monica Barbaro como Mira Murati. Cooper Hoffman interpreta a Greg Brockman e Ike Barinholtz a Elon Musk.
No se trata de un documental, sino de una comedia dramática basada en hechos reales. Por tanto, cabe esperar que simplifique personajes, conversaciones y acontecimientos para construir una narración cinematográfica.
La producción fue impulsada inicialmente por Amazon MGM Studios, pero el estudio decidió no distribuirla cuando ya estaba prácticamente terminada. En junio de 2026, Neon adquirió los derechos mundiales con la intención de estrenarla durante 2026.
Por tanto, aunque la película ya está rodada, todavía no se ha estrenado cuando actualizo este artículo.
Resulta especialmente llamativo que una disputa interna sobre gobierno corporativo, confianza y poder haya terminado convertida en una producción de Hollywood. También demuestra hasta qué punto OpenAI y sus dirigentes se han convertido en personajes centrales de nuestra época.
Qué podemos aprender de la crisis de OpenAI
La historia deja varias conclusiones que van más allá de Sam Altman.
La primera es que una estructura de gobierno puede funcionar sobre el papel y fracasar en el momento en el que debe tomar una decisión crítica. El antiguo consejo tenía capacidad legal para despedir al CEO, pero no había previsto las consecuencias sobre los empleados, los inversores, los clientes y el principal socio de la empresa.
La segunda es que el poder real de una organización no siempre coincide con el que aparece en sus estatutos. El consejo podía destituir a Altman, pero no podía mantener la empresa funcionando si casi toda la plantilla estaba dispuesta a marcharse.
La tercera es que depender demasiado de una figura pública entraña riesgos. El despido de un CEO no debería poner en peligro la supervivencia de una compañía, pero Altman había concentrado buena parte de sus relaciones comerciales, su capacidad de captación de capital y su representación pública.
Por último, el episodio nos recuerda que las empresas que desarrollan inteligencia artificial avanzada no son instituciones neutrales. En ellas existen intereses económicos, relaciones personales, conflictos de poder y distintas ideas sobre la seguridad y el futuro de la tecnología.
Sus decisiones pueden influir en millones de personas, pero muchas se toman dentro de organizaciones privadas cuya actividad apenas podemos conocer.
Cuando escribí por primera vez sobre esta historia, parecía que el regreso de Sam Altman había cerrado el conflicto. Con el tiempo hemos comprobado que solo cerró su capítulo más visible.
El despido duró cinco días. Las preguntas que dejó abiertas siguen acompañando a OpenAI varios años después.


