Creencias limitantes al emprender: cómo reconocerlas y dejar de frenarte
Hay ideas que permanecen durante meses, a veces durante años, dando vueltas en nuestra cabeza. Un proyecto que nos gustaría poner en marcha, un negocio, un cambio profesional o simplemente algo que nos ilusiona, pero que siempre parece encontrar una buena razón para esperar un poco más.
«No estoy preparada», «ahora no es el momento», «hay gente que sabe mucho más que yo», «¿y si no funciona?» o «seguro que nadie pagaría por esto» son pensamientos bastante habituales cuando nos planteamos emprender. Algunas de esas dudas son razonables, porque emprender implica incertidumbre y sería absurdo ignorar los riesgos o lanzarse a cualquier proyecto sin analizar si tiene sentido. El problema aparece cuando confundimos una posibilidad con una certeza y empezamos a tomar decisiones basándonos en algo que, en realidad, todavía no sabemos.
Ahí es donde entran en juego muchas de las llamadas creencias limitantes al emprender.
Cuando lo que pensamos empieza a decidir por nosotros
Una creencia puede surgir de nuestra experiencia, de algo que nos dijeron hace años, de compararnos con otras personas o simplemente de repetir muchas veces una misma idea hasta terminar aceptándola como cierta. «No soy buena vendiendo», «no tengo madera de emprendedora», «ya lo intenté una vez y salió mal», «a mi edad ya es demasiado tarde» o «necesito tenerlo todo perfectamente preparado antes de empezar» pueden acabar convirtiéndose casi en conclusiones definitivas.
Lo curioso es que muchas veces dejamos de cuestionarlas. Eso no significa que todo lo que nos preocupa sea imaginario ni que cualquier negocio pueda funcionar si creemos suficientemente en él. Significa algo bastante más sencillo: pensar que algo va a ocurrir no demuestra que vaya a ocurrir.
Podemos anticipar que nuestro proyecto fracasará sin haberlo probado, pensar que nadie contratará nuestro servicio sin haber hablado con un solo cliente potencial o decidir que no sabemos vender cuando quizá lo único que ocurre es que todavía no hemos aprendido a hacerlo. Y mientras damos por válidas esas conclusiones, no avanzamos.
Algunas creencias que pueden frenarte al emprender un negocio
«Todavía no estoy preparada»
Probablemente nunca llegará el día en el que sientas que sabes absolutamente todo lo necesario para empezar. Emprender también consiste en aprender mientras haces: tendrás que adquirir conocimientos, pedir ayuda, corregir decisiones y resolver problemas que ni siquiera sabías que existirían cuando empezaste.
Prepararte es importante, por supuesto, pero esperar a sentirte completamente preparada puede convertirse en una forma bastante eficaz de no empezar nunca. Hay una diferencia enorme entre formarte porque realmente necesitas determinados conocimientos y seguir acumulando cursos, herramientas o información porque todavía no te atreves a dar el siguiente paso.
«Mi idea tiene que ser perfecta»
No necesitas una idea extraordinariamente original. Necesitas detectar un problema o una necesidad y encontrar una forma de aportar valor. Además, lo que imaginas al principio casi nunca coincide exactamente con lo que termina siendo el negocio, porque los clientes, la experiencia y el propio mercado te obligarán a ajustar muchas cosas por el camino.
Tu primera versión no tiene que ser perfecta. Tiene que permitirte comprobar si vas en la dirección adecuada. Muchas veces una idea se define mucho mejor después de ponerla delante de personas reales que después de meses intentando perfeccionarla en nuestra cabeza.
«Si fracaso significará que no valgo para esto»
Un proyecto que no funciona solo demuestra que ese proyecto, de esa manera y en esas circunstancias, no ha funcionado. Quizá falló el modelo de negocio, el precio, el momento, la estrategia, la comunicación, el público elegido o una combinación de varias cosas.
Por supuesto que un fracaso puede doler y tener consecuencias, y romantizarlo tampoco tiene sentido. Pero convertir el resultado de un proyecto en un juicio sobre nuestra capacidad personal no ayuda a entender qué ocurrió ni qué deberíamos hacer de otra manera.
Cuando observamos a alguien cuyo negocio funciona vemos el resultado actual, pero no necesariamente todas las decisiones, errores y cambios que ha habido antes. De esto también te hablo en De qué depende tu éxito al emprender.
«Todo el mundo sabe más que yo»
Compararse en Internet puede ser especialmente engañoso porque normalmente comparamos nuestras dudas, nuestros números y todo lo que ocurre entre bastidores con la parte que otra persona ha decidido enseñar públicamente.
Siempre habrá alguien que sepa más que tú, pero también habrá alguien que necesite exactamente aquello que tú sabes hacer. No tienes que ser la persona que más sabe de tu sector para ofrecer un buen servicio. Sí tienes la responsabilidad de ser competente, conocer tus límites y seguir aprendiendo. Son cosas muy diferentes.
«Si tengo miedo será porque no debería hacerlo»
El miedo tampoco es una prueba. Puede advertirte de un riesgo real y merece la pena escucharlo, pero también puede aparecer simplemente porque estás tomando una decisión cuyo resultado no puedes controlar completamente.
En lugar de quedarte únicamente con el «¿y si sale mal?», intenta concretarlo: ¿qué es exactamente lo que podría salir mal?, ¿puedes prevenirlo?, ¿puedes reducir ese riesgo?, ¿qué harías si finalmente ocurriera? En cuanto convertimos un miedo difuso en problemas concretos, resulta mucho más fácil decidir qué merece realmente nuestra atención.

Cómo detectar las creencias que te están frenando
El lenguaje suele dar bastantes pistas. Conviene prestar atención cuando aparecen expresiones como «siempre me pasa lo mismo», «nunca he sabido hacer esto», «todo me sale mal», «no soy capaz», «seguro que…» o «es imposible».
No hace falta sustituir inmediatamente esas frases por afirmaciones positivas. Es mucho más útil interrogarlas. ¿Es realmente siempre? ¿Es un hecho o una conclusión? ¿Qué pruebas tengo? ¿Existen ejemplos que contradigan lo que estoy pensando? ¿Estoy dando por hecho algo que todavía no he comprobado? ¿Estoy utilizando una mala experiencia para predecir cómo serán todas las siguientes?
Este tipo de pensamiento absoluto, basado en términos como «siempre», «nunca», «todo» o «nada», puede hacernos interpretar una situación de una forma mucho más rígida de lo que realmente es.
No necesitas pensar en positivo: necesitas comprobar
Esta es quizá la parte que más cambiaría respecto a cómo entendía este tema hace años. No creo que la solución consista en visualizar que todo va a salir estupendamente, porque eso tampoco garantiza nada. Prefiero algo bastante más útil: pasar de la suposición a la comprobación.
Si piensas que nadie contrataría tu servicio, pregúntate cómo podrías comprobarlo con la mínima inversión posible. Si crees que no sabes vender, quizá la cuestión sea identificar qué necesitas aprender para hacerlo mejor. Y si piensas que tu idea no está suficientemente desarrollada, tal vez sea más útil preguntarte cuál es la versión más sencilla que podrías probar con clientes reales.
Una conversación, una encuesta, una landing page, una primera propuesta de servicio o un pequeño prototipo pueden darte mucha más información que meses imaginando escenarios. La realidad suele ser bastante más útil que nuestras suposiciones.

Empieza por el siguiente paso, no por todo el camino
Uno de los motivos por los que emprender puede resultar tan abrumador es que intentamos resolver mentalmente un negocio entero antes de haber dado el primer paso. Nombre, marca, web, redes sociales, precios, clientes, impuestos, herramientas, estrategia, facturación… todo parece necesitar una respuesta inmediata.
Pero rara vez necesitas tener resuelto hoy lo que corresponderá hacer dentro de seis meses. Lo importante es definir qué quieres conseguir y dividirlo en decisiones más pequeñas: qué información necesitas primero, qué puedes validar, con qué recursos cuentas, qué necesitas aprender, qué puedes hacer tú y para qué sería mejor contar con un profesional.
Y, sobre todo, conviene hacerse una pregunta mucho más concreta: ¿cuál es la siguiente acción que puedo realizar? No todo el plan, no los próximos veinte pasos, solo el siguiente. Después vendrá el siguiente.
Pedir ayuda también forma parte de emprender
Tampoco tienes por qué saber hacerlo todo sola. Puede llegar un momento en el que necesites una persona que te ayude con la estrategia, el diseño, la parte económica, la comunicación, el marketing o cualquier otra área que escape de tus conocimientos.
Buscar asesoramiento no significa que tu proyecto sea menos tuyo. Precisamente una de las habilidades importantes cuando trabajas por tu cuenta es saber distinguir entre aquello que debes aprender, aquello que puedes delegar y aquello para lo que necesitas asesoramiento especializado.
Emprender no consiste en no tener miedo ni en convencerte de que todo va a salir bien. Consiste en conseguir que el miedo no sea el único que tome las decisiones.
Así que, si tienes una idea rondándote desde hace tiempo, no hace falta que mañana dejes tu trabajo, inviertas todos tus ahorros o tengas preparado un plan de negocio de cien páginas. Pero quizá sí puedas hacer algo hoy para comprobar si esa idea merece avanzar un poco más.
Porque hay algo que sigue teniendo sentido después de todos estos años:
«Caminante, no hay camino, se hace camino al andar».
Y para saber adónde puede llevarte el tuyo, en algún momento tendrás que empezar a recorrerlo.


