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En esta casa está prohibido no reír a diario


Cada vez que lo necesito, cierro los ojos y vuelvo a ese rincón preferido, donde no había preocupaciones. Ese lugar donde todo era paz y tranquilidad. Donde las prisas no existían y el tiempo parecía eterno. Y, casi sin darme cuenta, vuelvo a sentir la voz inconfundible de mi madre y el aroma a cocina de sus manos. Puedo ver a mi padre dibujando, mientras escucha atento lo que nos cuenta la radio. Porque en mi casa siempre estaba encendida la radio, y sin ese sonido de fondo mi recuerdo no estaría completo. Como tampoco estaría completo sin las risas y juegos con mis hermanas, o los momentos pasados con mis abuelos. Momentos de felicidad que, pase lo que pase, espero no olvidar jamás.


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